En el extremo opuesto de Tokio o Delhi hay lugares que, pese a tener oficialmente el estatus de «ciudad», apenas reúnen a un puñado de vecinos. Algunos conservan ese título por razones históricas, otros porque ninguna ley exige un mínimo de población para llamarse así. Este es un recorrido por las ciudades más pequeñas y menos pobladas del mundo, y por qué, pese a todo, siguen existiendo.
¿Qué hace que un lugar sea «ciudad» aunque tenga pocos habitantes?
No existe un criterio internacional único. En muchos países, «ciudad» es un estatus legal o histórico, no una medida de tamaño: una localidad puede conservar el título de ciudad desde la Edad Media aunque su población se haya reducido a unas pocas decenas de personas, mientras que un país vecino puede exigir 50.000 habitantes mínimos para usar la misma palabra. Eso explica por qué conviven en el mismo ranking pueblos croatas con menos de 30 vecinos y localidades estadounidenses que legalmente son «ciudades» (cities) con un único residente censado.
Hum, Croacia: la ciudad más pequeña del mundo
Hum, en la península de Istria, se anuncia a sí misma como la ciudad más pequeña del mundo, y pocos lugares disputan en serio el título. Tiene una sola calle, una muralla medieval casi intacta y una población oficial de entre 17 y 30 habitantes según el año y la fuente. Fue fundada hace más de mil años y conserva el estatus de ciudad otorgado en la Edad Media, cuando la región formaba parte de distintos condados. Hoy vive sobre todo del turismo rural: produce un licor de muérdago llamado biska y recibe visitantes que recorren su única calle en apenas cinco minutos, pero que vienen precisamente a comprobar que una ciudad pueda ser tan pequeña.
Monowi, Nebraska: la única ciudad del mundo con un solo habitante
Monowi, en el estado de Nebraska (Estados Unidos), es probablemente el caso más extremo y mejor documentado: desde 2004 tiene una sola residente censada, Elsie Eiler, que ejerce a la vez de alcaldesa, bibliotecaria, camarera del único bar del pueblo y responsable de pagarse a sí misma los impuestos municipales. Monowi llegó a tener alrededor de 150 habitantes a principios del siglo XX, cuando era una parada del ferrocarril, pero el éxodo rural típico de las Grandes Llanuras estadounidenses la fue vaciando década tras década hasta dejar a una sola persona al cargo de todo el ayuntamiento.
Adamstown, Pitcairn: la capital más pequeña del mundo
Adamstown es la capital de las Islas Pitcairn, un territorio británico perdido en mitad del océano Pacífico Sur, y con poco más de 40 habitantes es la capital con menos población del planeta. Sus vecinos descienden en buena parte de los amotinados del barco británico HMS Bounty (1789) y de los polinesios que los acompañaron, y hoy siguen viviendo casi aislados: el barco de suministros llega solo unas pocas veces al año y no hay aeropuerto ni vuelos regulares a la isla.
Buford, Wyoming: la ciudad que se vendió en una subasta
Buford, en el estado de Wyoming, llegó a tener un único habitante, Don Sammons, que decidió en 2012 vender toda la «ciudad» —una gasolinera, una tienda y la vivienda— en una subasta pública. Un empresario vietnamita la compró por algo más de 900.000 dólares y la rebautizó temporalmente como «PhinDeli Town Buford» para promocionar una marca de café, antes de que el nombre original volviera a imponerse con el tiempo. El caso de Buford se repite, a menor escala, en decenas de pueblos del medio oeste y las Grandes Llanuras de Estados Unidos, vaciados por el mismo proceso que dejó solo a Monowi.
Ciudades fantasma: cuando la población llega a cero
Un paso más allá de las ciudades con uno o dos vecinos están las que se quedaron completamente vacías. Kolmanskop, en el desierto de Namibia, fue una próspera ciudad minera de diamantes a principios del siglo XX, con teatro, casino y la primera sala de rayos X de África; hoy el desierto ha invadido sus edificios abandonados y solo recibe turistas y fotógrafos. Bodie, en California, vivió una fiebre del oro que llegó a reunir a 10.000 personas en la década de 1880 y hoy está conservada como «ciudad fantasma» en estado de abandono detenido, sin ningún habitante permanente. Estos lugares ya no figuran en ningún censo de población, pero siguen apareciendo en los rankings de «ciudades» por su valor histórico y turístico.
Por qué estas microciudades siguen existiendo
Ninguna de ellas sobrevive por accidente. Hum se sostiene con turismo rural y la venta de sus licores locales; Monowi y Buford existen porque sus últimos residentes se negaron a marcharse y, en el caso de Buford, porque alguien vio valor comercial en su ubicación junto a una autopista interestatal; Adamstown recibe ayuda del Reino Unido para mantener servicios básicos pese a su aislamiento extremo. Y las ciudades fantasma como Kolmanskop o Bodie sobreviven, precisamente, de dejar de ser habitadas: su atractivo turístico depende de conservarlas congeladas en el tiempo, no de repoblarlas.
Preguntas frecuentes sobre las ciudades menos pobladas del mundo
Monowi, en Nebraska (Estados Unidos), es el caso más citado: tiene un solo residente censado desde 2004. Hum, en Croacia, es la «ciudad» más pequeña por extensión y una de las de menor población permanente, con apenas unas decenas de vecinos.
Porque en la mayoría de países el estatus de ciudad es legal o histórico, no depende de un número mínimo de habitantes. Muchas conservan el título desde que lo recibieron hace siglos, aunque su población se haya reducido con el tiempo.
Sí, se llaman ciudades fantasma: lugares que tuvieron población real en el pasado (normalmente por minería o ferrocarril) y quedaron completamente abandonados, como Kolmanskop en Namibia o Bodie en California.
Si las megaciudades como Tokio o Delhi muestran hasta dónde puede crecer una ciudad, estos lugares muestran el extremo contrario. Puedes comparar ambos mundos en el artículo sobre las ciudades más pobladas del mundo, o explorar el resto de sitios que conocer en el resto del planeta.
