Japón es un archipiélago volcánico de más de 6.800 islas que combina montañas sagradas cubiertas de nieve, bosques de bambú que parecen de otro mundo, aguas termales donde se bañan monos salvajes en pleno invierno y playas tropicales en su extremo sur. Pocos países concentran tanta variedad de paisajes —y tanta diferencia estacional— en un territorio relativamente estrecho.

El monte Fuji

Con 3.776 metros, el monte Fuji es el pico más alto de Japón y uno de los volcanes más fotografiados del mundo, con una simetría casi perfecta que lo convierte en objeto de culto desde hace siglos: está considerado sagrado en el sintoísmo y aparece representado en innumerables obras de arte japonesas, empezando por los grabados de Hokusai. Los cinco lagos de Fuji, al norte del volcán, ofrecen los reflejos más buscados por los fotógrafos, especialmente en las mañanas de invierno sin viento.

Monte FujiMonte Fuji

El bosque de bambú de Arashiyama

En las afueras de Kioto, el sendero que atraviesa el bosque de bambú de Arashiyama forma un túnel verde de tallos que pueden superar los 20 metros de altura, meciéndose y crujiendo con el viento de una forma que los propios japoneses consideran parte de la experiencia —el sonido del bambú está incluido en la lista oficial de «100 paisajes sonoros de Japón»—. Conviene visitarlo a primera hora de la mañana, antes de que lleguen los grupos turísticos.

Bosque de bambú, Arashiyama, KiotoBosque de bambú, Arashiyama, Kioto

Los campos de lavanda de Furano, en Hokkaido

En la isla norteña de Hokkaido, la región de Furano se cubre de franjas de lavanda morada entre finales de junio y principios de agosto, en campos organizados por colores que incluyen también amapolas rojas y girasoles amarillos. Es el equivalente japonés a los campos de Provenza, con la diferencia de que en invierno la misma zona se transforma en una de las estaciones de esquí con mejor nieve en polvo de todo el país.

Campos de lavanda, Furano, HokkaidoCampos de lavanda, Furano, Hokkaido

Los monos de nieve de Jigokudani

En las montañas de la prefectura de Nagano, el Parque de los Monos de Jigokudani es el único lugar del mundo donde se puede ver a macacos japoneses salvajes bañándose en aguas termales naturales en pleno invierno, con temperaturas bajo cero y nieve acumulada alrededor. El vapor de las aguas termales, los monos cubiertos de nieve en el pelaje y el silencio del valle forman una de las estampas más reproducidas de la fauna japonesa.

Shirakawa-go, el pueblo bajo la nieve

En los Alpes japoneses, el pueblo de Shirakawa-go conserva decenas de casas tradicionales con tejados de paja muy inclinados, construidos así para soportar las fuertes nevadas de la región —algunas de las más intensas del país—. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el pueblo se ilumina unas pocas noches de invierno para recrear el ambiente de un cuento, uno de los eventos más solicitados y difíciles de reservar de todo Japón.

Shirakawa-go bajo la nieveShirakawa-go bajo la nieve

El sendero de peregrinación de Kumano Kodo

En la península de Kii, el Kumano Kodo es una red de senderos de peregrinación de más de mil años de antigüedad que atraviesa bosques de cedros centenarios y conecta tres santuarios sintoístas sagrados. Junto con el Camino de Santiago, es una de las dos únicas rutas de peregrinación del mundo declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y recorrerla a pie —entre niebla, musgo y templos de madera— es una de las experiencias de naturaleza más completas del país.

Okinawa y sus playas tropicales

En el extremo sur del archipiélago, las islas de Okinawa tienen un clima subtropical muy distinto al del resto de Japón, con playas de arena blanca, arrecifes de coral y aguas turquesas más propias del sudeste asiático. La isla de Ishigaki y el archipiélago de Kerama, declarado parque nacional marino, ofrecen algunos de los mejores fondos de buceo y snorkel de todo el país.

Playa en OkinawaPlaya en Okinawa

El otoño (koyo) en los jardines de Kioto

Entre mediados de noviembre y principios de diciembre, los arces japoneses (momiji) de templos como Tofuku-ji o Kinkaku-ji en Kioto se tiñen de rojo, naranja y dorado, atrayendo a tanta gente como la floración de los cerezos en primavera. El contraste entre la arquitectura tradicional de madera, los estanques y el follaje de otoño es uno de los motivos fotográficos más repetidos —y más meticulosamente planificados por los propios japoneses— del país.

Cuándo ir

Japón tiene cuatro estaciones muy marcadas y cada una determina un paisaje distinto: la floración de los cerezos (sakura) ocurre entre finales de marzo y principios de abril, el koyo de otoño entre mediados de noviembre y principios de diciembre, y los monos de nieve de Jigokudani se ven mejor entre diciembre y marzo. Okinawa, por su clima subtropical, es la excepción y se puede visitar casi todo el año, aunque conviene evitar la temporada de tifones entre agosto y octubre.

Conclusión

Del monte Fuji a las playas tropicales de Okinawa, pasando por bosques de bambú, monos bañándose en la nieve y pueblos que parecen sacados de un cuento, Japón reúne una variedad de paisajes marcada por sus cuatro estaciones que pocos países pueden ofrecer con tanto contraste.

Paisajes bonitos