México es un país de contrastes extremos: desde los desiertos áridos de Sonora hasta las selvas tropicales de Chiapas, pasando por volcanes nevados de más de 5.000 metros, cañones más profundos que el Gran Cañón de Arizona y playas que van del Pacífico al Caribe. Su territorio conecta Norteamérica con Centroamérica, y esa posición —sumada a una geología muy activa y a climas que van del desértico al tropical húmedo— le ha dado una variedad de paisajes que muy pocos países del mundo pueden igualar. Esto es solo una selección de los más espectaculares.
Los cenotes de Yucatán
La península de Yucatán esconde más de 6.000 cenotes catalogados, pozos de agua dulce cristalina formados por el colapso de cuevas de piedra caliza hace miles de años. El cenote Ik Kil, cerca de Chichén Itzá, es uno de los más famosos: un pozo circular de 26 metros de profundidad rodeado de lianas colgantes que caen desde la superficie hasta rozar el agua turquesa. Cerca de Tulum, el sistema de cuevas inundadas de Dos Ojos es uno de los más largos del mundo, con más de 80 kilómetros cartografiados, y uno de los destinos de buceo en cuevas más populares del planeta. No muy lejos, el Gran Cenote combina aguas poco profundas y cristalinas con estalactitas visibles bajo el agua, ideal para quienes solo quieren hacer snorkel sin equipo de buceo. Otro clásico es el Cenote Azul, cerca de Playa del Carmen, de acceso fácil y aguas de un azul intenso casi todo el año.
Cenote Ik Kil, YucatánEl Cañón del Cobre, en Chihuahua
En el norte del país, la Sierra Tarahumara esconde la Barranca del Cobre, un sistema de seis cañones distintos que en varios puntos son más profundos y más extensos en conjunto que el Gran Cañón de Arizona, aunque menos conocidos fuera de México. El ferrocarril Chepe (Chihuahua al Pacífico) atraviesa la zona por 37 túneles y 39 puentes a lo largo de casi 650 kilómetros, con vistas a precipicios de más de 1.800 metros de desnivel. La región está habitada por los rarámuri, un pueblo indígena conocido históricamente por correr largas distancias por estos senderos de montaña. El mirador del Divisadero, a mitad de la ruta del tren, ofrece una de las vistas más completas de todo el sistema de cañones.
Cañón del Cobre, ChihuahuaLas playas del Caribe mexicano
Bacalar, conocida como la «laguna de los siete colores», debe su nombre a los distintos tonos de azul y turquesa que produce la profundidad variable del agua sobre un lecho de piedra caliza blanca. Más al norte, Tulum combina ruinas mayas construidas sobre un acantilado con playas de arena blanca y aguas turquesas del mar Caribe, una combinación que no se repite en ningún otro yacimiento arqueológico del país. La isla de Holbox, frente a la costa norte de Quintana Roo, ofrece playas de arena casi blanca sin coches ni asfalto, y entre mayo y septiembre es uno de los pocos lugares del mundo donde se puede nadar junto a tiburones ballena de forma regulada. Al sur, la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an —Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO— protege más de 5.000 km² de manglares, arrecifes y canales de agua dulce y salada que se mezclan de forma única.
Los volcanes del Eje Volcánico Transversal
El Popocatépetl (5.426 m) y el Iztaccíhuatl (5.230 m) dominan el horizonte entre Ciudad de México y Puebla, visibles en los días despejados desde la propia capital. El Popocatépetl sigue activo y emite fumarolas de vapor con frecuencia, lo que lo convierte en uno de los volcanes más vigilados de América. Más al este, el Pico de Orizaba (Citlaltépetl) alcanza los 5.636 metros: es el punto más alto de México y el tercer pico más elevado de Norteamérica, por detrás solo del Denali en Alaska y el Logan en Canadá. Su cumbre conserva glaciares permanentes pese a la latitud tropical del país, un fenómeno que solo ocurre por la gran altitud.
La selva lacandona y las cascadas de Chiapas
En el extremo sur del país, la selva lacandona rodea las ruinas mayas de Palenque, con templos que todavía emergen entre la vegetación y que no han sido completamente excavados. Cerca de ahí, las cascadas de Agua Azul forman una serie de piscinas escalonadas de color turquesa a lo largo de varios kilómetros de río, resultado de los depósitos de carbonato de calcio disuelto en el agua, el mismo proceso que forma los cenotes. Muy cerca, la cascada de Misol-Ha cae de un solo salto de 35 metros sobre una poza rodeada de selva, con un sendero que permite pasar por detrás de la cortina de agua. Al norte del estado, el Cañón del Sumidero —con paredes de hasta 1.000 metros de altura sobre el río Grijalva— se puede recorrer en lancha, observando cocodrilos y una gran variedad de aves.
La Huasteca Potosina
En el estado de San Luis Potosí, la Huasteca Potosina reúne algunas de las cascadas de agua turquesa más fotografiadas de México. La Cascada de Tamul, de 105 metros de altura, se forma en la confluencia de los ríos Santa María y Gallinas y solo es accesible en lancha o tras una caminata de varias horas. Más accesibles son Minas Viejas y el Puente de Dios, una cascada que cae dentro de una cueva parcialmente derrumbada, formando una piscina natural a la que se llega nadando por un túnel de roca. El color turquesa del agua, igual que en los cenotes de Yucatán, se debe a la disolución de piedra caliza.
Huasteca Potosina, San Luis PotosíEl santuario de la mariposa monarca en Michoacán
Cada año, entre noviembre y marzo, cientos de millones de mariposas monarca llegan desde Canadá y el norte de Estados Unidos a los bosques de oyamel de la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca, en el oriente de Michoacán, tras un viaje de hasta 4.500 kilómetros. Durante esos meses, las ramas de los árboles se cubren por completo de mariposas, y cuando sale el sol y suben la temperatura, el bosque entero parece moverse. Es uno de los fenómenos migratorios de insectos más espectaculares del planeta y la razón por la que la UNESCO declaró la reserva Patrimonio de la Humanidad en 2008.
Santuario de la mariposa monarca, MichoacánEl desierto de Sonora y Baja California
En el noroeste, el desierto de Sonora alberga cactus saguaro que pueden superar los 12 metros de altura y vivir más de 150 años, además de ser el hábitat de especies únicas como el borrego cimarrón. Frente a sus costas, la península de Baja California es uno de los pocos lugares del mundo donde las ballenas grises llegan cada invierno, entre diciembre y abril, a lagunas poco profundas como Ojo de Liebre y San Ignacio para aparearse y parir a sus crías, después de migrar más de 10.000 kilómetros desde el Ártico. En algunas de estas lagunas es posible acercarse a las ballenas en pequeñas embarcaciones reguladas, una experiencia que atrae a observadores de fauna de todo el mundo.
Cuándo ir según la región
México es lo bastante grande como para que no exista una única «mejor época» para visitarlo. La península de Yucatán y el Caribe se disfrutan mejor entre noviembre y abril, fuera de la temporada de huracanes y con menos humedad. La Huasteca Potosina y Chiapas tienen más caudal de agua —y cascadas más espectaculares— justo después de la temporada de lluvias, entre septiembre y noviembre. El santuario de la mariposa monarca solo tiene sentido visitarlo entre finales de noviembre y marzo, mientras que la temporada de avistamiento de ballenas grises en Baja California se concentra entre enero y marzo.
Cómo moverse entre tantos paisajes distintos
La escala de México hace que casi nadie intente verlo todo en un solo viaje: la distancia entre Tulum, en el Caribe, y Baja California, en el Pacífico, supera los 3.000 kilómetros, más que un cruce de Europa de punta a punta. Lo habitual es organizar el viaje por regiones —Yucatán y el Caribe, el centro volcánico y Chiapas, o el norte desértico y Baja California— y moverse en autobuses de línea de largo recorrido (muy utilizados y relativamente cómodos) o en vuelos domésticos cortos entre las ciudades principales, dejando el coche de alquiler para explorar cada región una vez allí.
Conclusión
De los cenotes de Yucatán al desierto de Sonora, pasando por volcanes de más de 5.000 metros, cañones que superan al Gran Cañón, cascadas turquesas y la migración de cientos de millones de mariposas, México reúne en un solo país una diversidad de paisajes que normalmente exigiría visitar varios continentes distintos.
